Regionalismo y Modernismo en el siglo XX español

El siglo XX fue muy convulso en muchos ámbitos. El regionalismo y el modernismo buscan la reforma con nuevos caminos y perspectivas para el arte. Ambos estilos se rigen por conceptos de belleza y son la representación de la burguesía por excelencia.

Modernismo

A finales del siglo XIX en España, alrededor de 1880, aparece en el panorama español una doble vertiente. Por un lado el nacionalismo representado por un estilo arquitectónico que empezó  a estudiarse hace unos veinte años, el historicismo o regionalismo. La segunda vertiente es la espontaneísta representada por el Modernismo. Van a ser dos polos opuestos definidos por la burguesía del siglo XIX que van a constituir las vías de enlace de ambos siglos.

Contextualización e historiografía

En la Historia del Arte son estas dos corrientes las que se están estudiando a día de hoy. Se ha recurrido a la literatura del momento para poder establecer la dualidad entre lo que es una corriente como la regionalista, o la más moderna, el Modernismo. A través del estudio del campo de las letras podemos establecer una analogía literaria que explique estos fenómenos artísticos. En 1951, Guillermo Díaz-Plaja fue el primero en establecer una dualidad fundamental: el Modernismo frente a la Generación del 98. Analizando el panorama de principios de siglo y basándonos en los principios de la generación nos dice la siguiente frase:

“La generación del 98 se distingue por su matiz ético, austero y de preocupación sociológica, mientras que el Modernismo por el contrario se caracteriza por su carácter sensualista. Son contrarios.  Las actitudes de ambos grupos están perfectamente diferenciadas. Se caracteriza por su gusto por lo germánico, lo fáustico, el amor por Velázquez en pintura y por la austeridad del paisaje castellano. Por el contrario los modernistas son más mediterráneos, con un gusto por lo apolíneo, afines al Greco, y prefieren la alegría, la luz y el color de Andalucía”

En un principio podíamos pensar que el regionalismo era una precisión social y artística de la Generación del 98. Efectivamente tienen muchas cosas en común, como el afán por la regeneración, el anclarse en lo tradicional, la preocupación por la sociología, los nacionalismos, y su clara oposición a los modernistas.

Hace unos años Alonso Zamora Vicente abrió un nuevo rumbo a la solución del problema. Para él el modernismo y la generación del 98 son las dos caras de una misma moneda. Las dos corrientes serían una crítica acérrima contra la política hueca de finales del siglo, el centralismo, el caciquismo y todos los males que sufría España a finales de siglo y fueron criticados por la Generación del 98. Siempre existió la dualidad entre las dos corrientes arquitectónicas. Ambas son las dos caras de una misma moneda pero con una base común, la burguesía, que es la que va a encargar esas obras y va a marcar esos dos estilos. Además el Modernismo, donde más triunfa es en Cataluña. A partir de 1910 el Modernismo catalán se define como un estilo artístico propio.

Otro especialista en la materia, Eduard Valenti, nos dice que tienen una base común. Esa base común en la ruptura contra todo lo que existía en ese momento. Por lo contrario el regionalismo se cierra cada vez más en sí mismo hacia la tradición, pero en realidad ambos estilos solo quieren la reforma y la búsqueda de nuevos caminos y perspectivas para el arte. Ambos estilos se rigen por conceptos de belleza y son la representación de la burguesía por excelencia. La aristocracia del nuevo mundo y la burguesía del dinero en ese momento van a ser los motores económicos que encargarán esas obras. Podemos decir que ese grupo social es por así decirlo la élite que impone su gusto, aparentando ser ricos a base de un horror vacui.

 

Burguesía: promotora del modernismo y el regionalismo

La burguesía es heredera del romanticismo en muchos conceptos. Mientras los modernistas buscan la admiración de Europa como con el Art Nouveau o la Secesión, los regionalistas hacen lo opuesto y empiezan a excavar en lo regional y lo castizo, buscando modelos en las casas rurales del norte de España. La tradición se manifiesta en la música, la literatura y el arte.

El regionalismo es el factor historicista y conservador mientras que el Modernismo es la corriente vanguardista y liberal. Muchos empiezan su carrera dentro del eclecticismo, como Puig i Cadafalch y Domenech i Montaner.

Los regionalistas buscan la elaboración de la nueva arquitectura en la tradición. Quizá es una arquitectura menos bella y más pobre en cuanto a materiales que la modernista. Buscan los volúmenes, el colorido, los juegos de luces y sombras, en una palabra: la estética. El regionalismo cántabro o vasco se interesa más por volúmenes compactos, pesados y monocromos, buscando precisamente cielos oscuros, lluviosos, paisajes verdes característicos del norte de España que no tienen nada que ver con la gracia y el color del Modernismo.

Pintura del modernismo

Quizás de ambos movimientos, el más atractivo y estudiado en la Historia del arte es el modernismo. Como movimiento artístico-literario fue un movimiento de renovación cultural. Tuvo lugar en Europa e Hispanoamérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Afectó a múltiples disciplinas, entre ellas la pintura, la literatura, la arquitectura y la escultura.

Su objetivo era crear un nuevo arte, más libre y moderno, que supusiera romper con los estilos predominantes que tanto habían dominado la escena artística.

Desde un punto de vista estético, el modernismo se inspiró en elementos sacados de la naturaleza, la cultura oriental y todo aquello que pudiera considerarse exótico. Huyen del realismo buscando una representación que tiende a la estilización de los paisajes y los personajes. También representaron imágenes femeninas, en actitudes delicadas y gráciles pero también con connotaciones eróticas.

Santiago Rusiñol (1861-1931)

Cataluña fue una de las cunas más importantes del movimiento modernista en España. Sobre todo en Barcelona destacan una serie de pintores que cultivaron los temas y la estética del movimiento. Entre ellos, podemos mencionar a Santiago Rusiñol, pintor, escritor, coleccionista, periodista y dramaturgo catalán. Fue un artista polifacético y uno de los líderes del modernismo en Cataluña. Se trata de un referente en la historia del arte, al producir cientos de obras tanto pictóricas como literarias.

En 1889 viaja a París donde se encuentra con algunos amigos suyos, entre ellos Ramón Casas. Se instala en el barrio de Montmartre y estudia pintura en la Société de la Palette, donde establece contacto con el ambiente artístico de la ciudad. Estudia temas que describen el ambiente de los suburbios, los locales nocturnos parisinos, los cafés… plasmando figuras tristes y distantes.

 

Al volver a España se enamora de la luz mediterránea y empieza a pintar sus conocidos patios azules. Rusiñol convirtió Sitges en el centro donde convergían las aspiraciones de renovación vital y artística de Cataluña.  En 1893 se compra una casa en Sitges, donde instala su estudio y colección de obras de arte.

 

Durante la década de 1890 se centró sobre todo en la representación de jardines. Pintó una gran cantidad de obras con esta temática. Empezó en Granada, en el otoño de 1895. Eran jardines rodeados de la arquitectura nazarita de la Alhambra y el Generalife, donde el agua juega un papel importante. A partir de ese momento realizó múltiples viajes a Aranjuez, Mallorca, Girona, dejando plasmados los jardines que iba encontrando a su paso.

 

Hermenegildo Anglada Camarasa (1871–1959)

Anglada Camarasa también formó parte del movimiento modernista de Cataluña. Actualmente se le considera el máximo exponente del postimpresionismo. Se le conoce sobre todo por la utilización de un cromatismo singular, casi mágico. Su temática siempre gira en tono a la figura femenina y al paisaje, siendo los principales motivos de su repertorio artístico.

Creó una pintura muy particular, distinguiéndose del resto de sus contemporáneos. Su principal característica son los colores saturados, los paisajes de ensueño y sus figuras inmateriales.

 

Ramón Casas

Ramón Casas fue un pintor, dibujante y cartelista vinculado al impresionismo y uno de los impulsores del modernismo catalán. Junto a Santiago Rusiñol, impulsaron la renovación de la pintura catalana de finales del siglo XIX.

 

Si quieres conocer más sobre el artista, te recomendamos que visites las siguientes publicaciones:

Ramón Casas, entre Barcelona y París

Ramón Casas, la modernidad anhelada

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