¿Y si Robert Capa fuese una mujer?

Gerda Taro ha pasado a la Historia como ‘la mujer de Robert Capa’ a pesar de que nunca estuvieron casados. Lo que mucha gente desconoce es que ella misma fue la ideóloga del seudónimo del archiconocido fotógrafo, un seudónimo que ella misma utilizó en numerosas fotografías que después fueron atribuidas a su amante.

Gerda Taro llega a España convertida en una heroína del republicanismo por su astucia, su actitud, y su entereza al ser detenida por el nacionalsocialismo. Nacida en una familia judía de origen polaco, es su éxodo a París lo que la lleva a conocer a Endre Friedmann, más conocido como Robert Capa. Y es precisamente la persecución antisemita la que llevó a estos dos veinteañeros a reinventarse con el objetivo de sobrevivir en ese ambiente bélico.

A partir de ese momento la joven pareja instala su residencia en Madrid, a donde acuden movidos por la buena escena profesional, pero también atraídos por el antifascismo y los ideales revolucionarios. Son muchos los que aún creen que durante estos años Capa fue el que se trasladaba habitualmente a los campos de batalla, mientras Taro fotografiaba niños y mujeres. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, puesto que ella estuvo constantemente presente en los combates.

Es en estos años cuando Taro se granjea a pulso el mote de ‘pequeño zorro rojo’, algo que se convirtió en un auténtico mito de la España republicana, y que le hacía tremenda justicia no solo a su pelo, sino a su capacidad para colarse entre los hombres en batalla y conseguir las mejores instantáneas.

Sabemos que al principio de su carrera profesional firmaba sus fotografías con el seudónimo de Capa. Eso le ayudaba a venderlas con mayor facilidad. Poco después empieza a firmar sus fotografías como ‘Taro’, y sin embargo esta es la razón que lleva a muchos expertos a pensar que todavía hoy en día algunas imágenes continúan siendo atribuidas de forma errónea a Robert.

La fama y el reconocimiento llegan a Gerda Taro con lo que se ha conocido como La maleta mexicana o La vasija mexicana¸ tres pequeñas cajas de cartón que durante más de setenta años protegieron, sin que nadie lo supiera, los negativos de entre 3000 y 4000 fotografías tomadas entre Robert Capa y Gerda.

Sin embargo, Gerda es una más de las mujeres que han sufrido la invisibilidad  propia del arte y la historia. Los expertos lo atribuyen a diferentes motivos. En primer lugar, su carrera fue terriblemente corta, pues falleció de forma temprana en la batalla de Brunete, arrollada por un tanque. Además, el contexto post-bélico favoreció que el trabajo de numerosos fotógrafos de izquierdas se viera silenciado e incluso eliminado. Por si esto fuera poco, Robert Capa tampoco ayudó en la labor de atribución de los negativos.

A día de hoy, como suele pasar en estos casos, es Robert Capa el que permanece en la Historia por ser uno de los fotógrafos más reconocidos de la Guerra Civil española. Su fotografía Muerte de un miliciano ha dado la vuelta al mundo, mientras que el nombre de Gerda Taro continúa resonando como un extraño. Sin embargo, es hora de que emprendamos la labor de rescatar el olvido, y recordar a Taro (y  a tantas otras mujeres) como lo que fue: la primera fotoperiodista de guerra que murió en plena batalla, además de una de las más talentosas fotógrafas que ha visto el siglo XX.

 

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