Omar Rayo: ilusión óptica y rigor técnico

Omar Rayo (Roldadillo, 1928 – Palmira, 2010) es un conocido artista colombiano, que comenzó su andadura en el mundo de la caricatura bajo una marcada formación autodidacta. En los inicios de su carrera ya era conocido en los círculos del arte de Colombia debido a su talento como caricaturista. Poco a poco fue oscilando hacia la geometría de la forma, incluyendo esta misma en sus caricaturas geometrizando los rasgos de aquellos que dibujaba, autotitulando a su nuevo estilo «maderismo».

Sus primeros cursos de dibujo los estudió de manera remota, en una academia de Buenos Aires. A sus 19 años se marchó a la ciudad de Cali, participando brevemente en ciertos cursos de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, aunque fue un paso fugaz. Un año más tarde se marcha a Bogotá, trabajando como ilustrador en diversas revistas de la ciudad, y en periódicos como El Siglo realizando las caricaturas de la IX Conferencia Panamericana. Este trabajo le encumbró entre los artistas de la ciudad, a los que conoció en sus constantes visitas al café «Automático», como León de Greiff, Luis Vidales y Jorge Zalamea. Fue aquí cuando desarrolló su estilo denominado «bejuquismo», en el cual realizaba figuras humanas a partir de bejucos alargados. Lo influenció fuertemente el Surrealismo, y claramente presenta interesantes reminiscencias vegetales al partir de formas orgánicas.

Podríamos decir que se fortaleció entre 1948 y 1953, debido a que su trayectoria en cuanto a exposiciones y concursos fue alzándose poco a poco. Fue en 1953 cuando se le ofreció una beca en la capital española para avanzar en sus estudios, pero en su lugar inició un viaje por Latinoamérica realizando numerosas exposiciones y manteniendo relación con numerosos artistas locales. Aprendió sobre el arte arcaico y mesoamericano mediante la convivencia con los propios indígenas de la Amazonia.

Volvió a Colombia en 1958, marchándose poco después a México a realizar un taller de grabado, La Esmeralda, donde conoció a José Luis Cuevas y Francisco Toledo. En 1960 se marcha a Nueva York al ser el beneficiario de una beca Guggenheim. Finalmente fue su lugar de residencia durante muchos años, y se especializó en los grabados en relieve mediante la talla dulce. Su obra es marcadamente geométrica, pero no se lanza a abstracción completa. Busca la confusión de la óptica, usando cuadrados, rectángulos y líneas en zigzag, expresados todos ellos en blanco y negro para atraer la atención más visual del público.

Entretanto, a la vez que sus tallas alcanzaban reconocimiento, crecía la dedicación de Omar Rayo a la pintura, en la que desarrolló ese singular y característico universo geométrico arraigado en el primitivismo abstracto del arte precolombino. Sus composiciones presentan series de cintas que van y vienen unas sobre otras y desaparecen y vuelven a aparecer, formando patrones que producen llamativos efectos ópticos dotados de cierto grado de abstracción. El resultado es un juego de ilusión de líneas sin principio ni fin, un laberinto geométrico de fingida tridimensionalidad realizado unas veces sobre blanco y negro y otras en colores vivos. La factura impecable, de un rigor y precisión matemáticos, contribuyen a esa impresión de infinito que produce su contemplación.

Relacionó su trabajo con el ámbito familiar, motivo por el cual sería importante conocer su vida privada en relación con su obra, le dedicó a su mujer la serie “Agedóptero en la red” en 1996, a su hija “Los juguetes de Sara” en 1980; y “Coleopsara” en 1990 y a su nieto “Los juguetes de Mateo” en 2007. Al tiempo que realizó sus últimas series como “Embrión de Dragón” en 1997, “Corteza del arco iris” en 2003, y “Mullida Huella del Viento” en 2005. Cuando falleció estaban exhibidos sus trabajos finales titulados “Tizón fósil de fuego”, propuesta que se caracterizó por abordar el rojo como color dominante.

En 1981 se inauguró en su ciudad natal el Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano. Diseñado por el arquitecto mexicano Leopoldo Gout, el recinto alberga un conjunto de unas dos mil obras del artista, con salas de exposiciones itinerantes, biblioteca y talleres de artes gráficas. Durante su vida artística realizó más de 200 exposiciones en todo el mundo, destacando países como Japón, Hungría, Polonia, Alemania, Noruega, Francia, España, Italia, Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, México, Venezuela… En 1970 recibió un premio especial en la Primera Bienal de Grabado Latinoamericano, en San Juan de Puerto Rico; ese mismo año recibió el primer premio en el Salón Nacional de Artistas de Colombia. En 1971, el Museo de Arte Moderno de Bogotá organizó una exposición retrospectiva de su obra y participó en la Bienal de Sao Paulo.

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