Los artistas colombianos más cotizados: Alejandro Obregón

En esta ocasión traemos a colación el nombre de varios artistas colombianos de reconocido prestigio, pero no hablaremos de sus obras, ni citaremos qué pinturas suyas podéis encontrar en subasta. Esta vez os hablaremos de su vida, que aunque es algo que trae larga cola y debate en el mundo de la historia del arte, nosotros consideramos esencial para entender la obra de un artista. Comenzamos así con Alejandro Obregón, quien nació en Barcelona en 1920 de padre colombiano, y que se mudó a los seis años a Barranquilla, Colombia. Así pues, aunque sus más puras raíces sean españolas, siempre se le ha considerado un pintor colombiano.

Se traslada a Boston en 1938, donde estudia aviación. Nunca termina la carrera, es expulsado por desavenencias con uno de sus profesores y regresa a Barranquilla a trabajar en la fábrica textil de la familia. En 1939 se marcha a trabajar como conductor de camiones en Catatumbo. Fue aquí donde conoció más profundamente la naturaleza colombiana que lo terminó enamorando y que influyó profundamente en su pintura.

 

 

En 1940 vuelve a Boston, donde estudia pintura, concretamente en el Museum of Fine Arts School. Estudió allí un semestre completo, dejándolo después en favor de viajar a España como vicecónsul de Colombia en Barcelona. Una vez en Barcelona se unió a la Escuela de Artes de la Llotja, aunque fue expulsado poco tiempo después tras una fuerte defensa del arte americano, que no estaba bien visto en Europa. Se inició en el Círculo Artístico, pero aprendió y se comportó principalmente como un pintor autodidacta. Profundizó así en la obra de Goya y de Velázquez, así como de Rembrandt y Picasso, pero le dedicó un tiempo especial a las pinturas rupestres de Altamira.

 

«Yo no creo en las escuelas de pintura; creo en buena pintura y nada más. La pintura es una expresión individual y hay tendencias como personalidades. He admirado los buenos pintores, los españoles sobre todo, pero considero que ninguno ha ejercido una influencia decisiva en mi formación»

 

En 1944 se marchó de Barcelona, yendo a parar a Bogotá, donde compartió estudio con Ignacio Gómez Jaramillo y se integró en el mundo artístico de la capital colombiana. En ese momento ingresó como profesor de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. Su pintura, hasta ahora, se bascula entre el academicismo aprendido en sus diferentes centros de estudio y un expresionismo que viene influido por Cézanne. Mostraba ya un estilo propio entre la mezcolanza.

 

 

En 1947 incorpora el comúnmente conocido expresionismo mágico, que incluye ciertas reminiscencias cubistas que procedían de la influencia picassiana. Comenzamos a ver aparecer más habitualmente la naturaleza colombiana en su obra, pero también la política: los acontecimientos del 9 de abril de 1948 de Bogotá marcaron profundamente su pintura.

«Sin renunciar a la libertad artística puedo denunciar, aunque nunca solucionar, porque la pintura por si sola nunca arregla nada»

Entre 1948 y 1949 se consigna director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, donde introdujo cambios que renovaron y trajeron aire fresco a la institución. En 1949 viaja a París, donde se queda hasta 1954. Es aquí donde conoce personalmente a Picasso, al tiempo que define su estilo y expone en Alemania, Montelimar y París. En 1955 expone en la Unión Panamericana de Washington, y es entonces cuando se posiciona definitivamente en la gran escena contemporánea. Regresa en el verano del 55 a Colombia, y se pone al frente del movimiento nacional de artes plásticas, donde comenzó además su pintura más simbolista utilizando lo conocido de la naturaleza colombiana para ello.

En 1956 formó parte del Grupo de la Cueva, pintando murales y consiguiendo el primer premio de la Exposición Gulf Caribean Internacional de Houston. También obtuvo el primer premio del Concurso Guggenheim, y el Museo de Arte Moderno de Nueva York comenzó a adquirir su obra. Su madurez llega entre 1958 y 1965, cuando conforma su estilo personal, expresionista y americanista, con formas abiertas y vigorosas, que sólo aluden a la grandeza y a la feracidad del continente. En 1959 se le nombró profesor en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

 

 

Entre 1962 y 1963 ganó el Premio Nacional de Pintura del XIV Salón de Artistas Colombianos con la que a día de hoy podríamos decir que es su obra más famosa, La Violencia. Participó, también, en la Exposición Itinerante de Arte Colombiano en Europa, organizada por Marta Traba. En 1963 renuncia a la dirección de la Escuela y viaja a Europa, multiplicando su producción artística y obteniendo el primer premio de la II Bienal Suramericana de Arte de Córdoba, Argentina. Se grabó, asimismo, el documental de la Unión Panamericana Alejandro Obregón, de Colombia, pinta un mural.

Se mudó en 1967 a Cartagena de Indias, donde vivió hasta su muerte en 1992. Ganó de nuevo el premio del XVIII Salón de Artistas Colombianos de 1966, y desde entonces todo fueron éxitos. En los años 80 se consagró con temáticas de denuncia, de naturaleza y de la brujería, así como con cierta obsesión con la figura de Blas de Lezo, y algo antes la de José Antonio Galán. Fue representado por las galerías de arte más punteras de Bogotá: Arte Moderno, Belarca, El Callejón, Independencia, La Rebeca, Centro Colombo Americano,…

Falleció en abril de 1992, de un tumor cerebral que había dañado su vista y que se estuvo tratando en Estados Unidos. Se realizó u homenaje en El Museo en noviembre de ese mismo año, con una retrospectiva y contando con la presencia de grandes pintores latinoamericanos como Armando Morales, Teresa Cuevas o Fernando de Szyszlo.

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