Isbilya realiza su primera subasta en Madrid, con un extraordinario catálogo

Isbilya realiza su primera subasta en Madrid, con un extraordinario catálogo

Como decíamos en post previos (ver aquí), Isbilya Subastas ha tomado la determinación de realizar una atrevida licitación en Madrid, en lugar de en su habitual sala sevillana. Tendrá lugar en la C/Velázquez, 12, un local reservado para la ocasión, y podremos ver en subasta más de mil lotes entre los días 25 y 26 de octubre.

Entre ellos, ya anunciábamos una muy interesante colección de Dalí, la más grande subastada en los últimos años en España, de la cual sobresalen dos grandes lotes. El primero es Reloj blando, una escultura en bronce de grandes dimensiones que representa un reloj fundiéndose. En la esfera apreciamos otra figura, en bronce dorado, que representa a una abeja y está coronado por una corona de barón. Es una reproducción autorizada a gran tamaño de una de las 44 piezas que configuran la Colección Clot. Esta es la pieza número dos de las seis que se realizaron a raíz del molde de esta pieza, en el año 2004 a raíz de la obra de 1975, por la fundición “Arte6” de Madrid. Presenta la firma, el sello de fundición y su numeración, y el certificado de autenticidad emitido por D. Robert P. Decharmes. Sale a subasta por 125.000€ (ver). La segunda obra es La Venus de los neumáticos, una escultura que representa, también en bronce, el desnudo femenino con el neumático de un coche como untura, al igual que la base. De nuevo es una reproducción autorizada a gran tamaño de una de las 44 piezas que configuran la Colección Clot. Esta es la pieza número dos de las seis que se realizaron a raíz del molde de esta pieza, en el año 2003 a raíz de la obra de 1975, por la fundición “ESFINGE” de Madrid. Presenta la firma, el sello de fundición y su numeración, y el certificado de autenticidad emitido por D. Robert P. Decharmes. Sale a subasta, como su compañera, por 125.000€ (ver).

Pese a la gran cantidad de obras de Salvador Dalí que podremos encontrar en la subasta, vemos también otros géneros y artistas que predominan en ella. Así pues, tenemos el género de la naturaleza muerta, con varios ejemplos de gran calidad en la licitación. Uno de ellos es del maestro Juan van der Hamen y León (Madrid, 1596 – 1631), titulado Bodegón con gran frutero y aves de caza colgadas. Esta obra obedece a una composición sumamente clásica, en la cual sobre el alféizar de una fresquera aparece un gran frutero de diseño italiano en bronce dorado y vidrio veneciano de tonos verdes, lleno de manzanas y peras. A los lados vemos dos fruterillos con pie en balaustre, uno de ellos con frambuesas y el otro con moras. La composición se cierra con una pareja de aves en cada esquina, ya muertas.  Este bodegón destaca especialmente porque el frutero que se representa en el tramo central es una de las piezas más reproducidas por Van der Hamen a lo largo de toda su carrera pictórica, y como es habitual en el pintor, sobre la repisa de piedra en la que descansan los fruteros, reposan también un membrillo y unas frambuesas, quedando en parte en voladizo y hacia el espectador. Existe una obra gemela a la que subastará Isbilya, perteneciente en su momento a la colección de Antonio Hípola. Saldrá a subasta por 100.000€ (ver).

Isbilya

Bodegón de Van der Hamen

De menor interés, y aún así muy llamativos son estos Bodegón con dulces, ramas de cereza y dos floreros Bodegón con frutero, ramas de ciruela y melocotón y dos floreros de la Escuela Valenciana del siglo XVII. Se cree que pertenecieron a la decoración de un comedor de un palacio veneciano, y representan frutas y postres junto a jarrones de flores. La composición es similar, con un gran frutero de bronce central, en un caso repleto de dulces y en el otro de frutas, y a ambos lados dos jarrones pequeños de flores. Cierran la composición en ambos casos unas ramas colgantes, en el primero de cerezo y en el segundo de ciruelo y melocotonero. Se relaciona directamente con Tomás Hiepes, al fin y al cabo es el más destacado bodegonista valenciano y la sobriedad del fondo y el tratamiento pictórico señalan su estilo, por lo que se cree que el autor de estas obras conoció al artista y su creación. Salen a subasta por 34.000€ (ver).

En Isbilya nunca falta ni la temática religiosa ni la retratística, y aquí podemos ver un poco de ambas. Destacados son los Retratos de los Condes de Peñaflorida, de Claudio Coello (1642 – 1693). Uno de los artistas más destacados de la escuela madrileña del siglo XVII, con su Adoración de la Sagrada Forma en la sacristía vieja del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la guinda del pastel del Barroco cortesano español. En este caso encontramos los retratos de Don Bernardino de Arancibia, cuarto conde de Peñaflorida (muerto sin sucesión) y Doña Teresa de Ugarte y Ipenarrieta. El enigma de estos retratos viene condensado en la datación de los mismos: el conde falleció en 1667, y el atuendo que aparece representado es acorde al de los caballeros y damas de mediados del siglo XVII, con la golilla blanca impuesta por Pragmática de Felipe IV en 1623, de negro con jubón de mangas anchas y acuchilladas y puños bordados con encajes a la francesa, calzones o gregüescos ceñidos, medias blancas y zapatos negros con hebilla dorada y cuadrada. El problema radica principalmente en el atuendo de ella, que viste acorde a la moda del reinado de Carlos II, concretamente después de casarse con María Luisa de Orleans en 1679, suprimiendo el guardainfante del vestuario femenino. El peinado también corresponde a esa época, una melena larga que cae por la espalda, con onda pegada a la frente y dos trenzas sobre el corpiño. El resumen radica en que lo más probable es que el retrato de él sea póstumo, a raíz de algún retrato en miniatura previo. Es el pintor que cierra felizmente un capítulo extraordinario de la pintura madrileña: la de aquel grupo de maestros que pintaron entre los reinados de Felipe IV y Carlos II, la mayoría de los cuales fueron los discípulos de Francisco Rizi y Juan Carreño de Miranda, y que son la culminación del Barroco Pleno con su labor en los distintos géneros artísticos. Saldrán a subasta por 40.000€ (ver).

Isbilya

Retrato de los condes de Peñaflorida. En este caso, la condesa.

En el campo retratístico observamos dos obras más, una firmada por Luis López Piquer (1802 – 1865), un Retrato de familia del siglo XIX, habiendo sido propiedad de la Marquesa de Villa Breas y con pegatina de la Junta Delegada de Incautación y Protección de Salvamento del Tesoro Artístico. Número de inventario 5737. Sale a subasta por 40.000€ (ver). La última, un destacado Retrato de Isabel de Farnesio del círculo de Miguel Jacinto Meléndez, que saldrá a subasta por 8.000€ (ver).

Respecto a lo religioso, destaca un estupendo Crucificado del círculo de Francisco de Zurbarán, que presenta una etiqueta al dorso: “Manuel Lucena. Restaurador de cuadros antiguos. De la Real Cámara de su S. M. La Reina Dª Isabel 2ª y de la S. Iglesia Catedral de Sevilla”. Se relaciona íntimamente con la obra de uno de los discípulos de Zurbarán, Sebastián López de Arteaga (1610 – 1652). Su obras están tachadas con el tenebrismo de la pintura de Ribera, y la mayor parte de su producción la llevó a cabo en México, donde vemos varias obras similares a este Cristo, como el que se conserva en el Instituto Nacional de Bellas Arte de Ciudad de México. Sale a subasta por 30.000€ (ver).

De cerca le sigue esta Magdalena Penitente que sigue los modelos de Il Guercino. Probablemente pertenezca a la mano de Ercole Gennari, el cuñado y habitual colaborador de Guercino, pero se considera obra de taller a nivel general. Reproduce el modelo más conocido de Magdalena que había patentado Guercino. El dibujo es demasiado blando para ser obra del propio artista, aunque la cara, el torso y las manos sí permiten intuir alguna pincelada de Guercino. El paisaje es marcadamente veneciano, en los colores y las formas, y se aprecia la entrada de una cueva en la que la Magdalena pasa su penitencia, tratando de conmover al espectador, acercando el remordimiento, la penitencia y la salvación por la acción de la gracia. Saldrá a subasta por 20.000€ (ver).

En la parte de mobiliario, destaca sobremanera un mueble de dos cuerpos de Milán, de entre 1850 y 1860, en madera de ébano con rica decoración de hueso incrustada y grabada donde podemos apreciar horror vacui a base de grifos, mujeres aladas, ángeles, animales fantásticos, sátiros, jarrones decorados con tallos y flores abundantes, bustos de hombre terminando en hojas de acanto y puttis. Decorado con numerosos cabujones en piedras duras de diferentes colores (lapislázuli, mármol, ágata, jaspe, heliotropo, rodonita, etc.). Se corona con un frontón curvo con decoración de dos grifos custodiando el escudo nobiliario, y con dos ménsulas con personajes alados. Sale a subasta por 34.000€ (ver). También interesante, aunque en otro nivel, es este bargueño italiano del siglo XVIII, en madera ebonizada apoyado sobre bufete, que saldrá a subasta por 9.000€ (ver). Terminando con el campo dedicado a muebles, encontramos una pareja de cómodas estilo Carlos IV que datan de finales del siglo XVIII, en madera de raíz de nogal con marquetería de limoncillo, que forma angelotes con decoración geométrica. Salen a subasta, ambas, por (ver).

 

 

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