200 años del Museo del Prado

El Real Museo de Pintura y Escultura, que en 1868 pasó a denominarse Museo Nacional de Pintura y Escultura y posteriormente Museo Nacional del Prado, abrió al público el 19 de noviembre de 1819 con 311 pinturas de la Colección Real, todas de autores españoles, colgadas en sus muros. En 2019 celebraremos su Bicentenario, y se hará reflexionando sobre su historia, pero con la vista puesta en el futuro.

El museo del Prado comienza la celebración de su bicentenario con una exposición que cruza su relato con el de España y subraya la influencia de la colección en los grandes artistas. La idea principal del bicentenario es celebrar el Museo Nacional del Prado como el gran regalo que se ha dado a la nación española y explicar cómo, a consecuencia de acontecimientos sociales y políticos, una colección privada concebida para disfrute de unos pocos acabó convirtiéndose en la principal institución cultural de todos los españoles. En torno a esta idea se levanta la ambiciosa programación del Bicentenario.

El Museo Nacional del Prado quiere hacer extensiva la celebración de su bicentenario a toda España y por ello, el público de todas las comunidades autónomas podrá disfrutar de alguna de las obras maestras que el Prado atesora en su colección. Los responsables de los principales museos del mundo admiran la extraordinaria colección de este museo y sus importantes contribuciones a muchas generaciones de amantes del arte. Destacan su magnífica transformación en los últimos 20 años y aseguran que los próximos 200 años serán igual de importantes que ya han pasado.

Los directores de las instituciones más importantes del planeta, que acogerán estas obras en sus sedes durante un período aproximado de un mes, han estado presentes en el Museo del Prado para compartir este gran proyecto, directores como Glenn David Lowry, director del MoMA, Gabriele Finaldi, director de The National Gallery de Londres, y Tacco Dibbits, director del Rijksmuseum de Ámsterdam se unen a esta celebración felicitando al Museo por sus 200 años de historia.

Ni las obras de restauración de parte de la fachada enturbian los festejos, ya que, en una original solución a la necesidad de tapar las reparaciones, el museo, en lugar de las típicas lonas grises, ha ilustrado las lonas con detalles de los ropajes de los personajes de conocidos cuadros de su pinacoteca, como obras de Velázquez, Rubens, Ribalta, Ribera, El Greco, Veronés o Van der Weyden.

La fiesta del 200 aniversario del museo empezó fuerte, pero los celebrativos continuarán durante todo el año 2019, con actividades públicas también en las calles, donde réplicas de grandes obras podrán ser admiradas recreando una visita «real» a los pasillos del museo. En total se han programado un centenar de actividades en más de 30 ciudades españolas, 17 exposiciones temporales de Fra Angélico, Velázquez, Rembrandt o pintoras como Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, dos conmemorativas y un total de 27 publicaciones, entre ellas, un cómic.

Desde que el Museo Real se abrió el 19 de noviembre de 1819 con fondos procedentes de las colecciones reales, esta institución se ha convertido en uno de los principales depositarios de la memoria pictórica occidental, en punto de referencia fundamental de la cultura española y en un objeto de orgullo colectivo. Doscientos años después de su fundación, el Museo del Prado reflexiona sobre todo ello y lo comparte con sus visitantes en un formato expositivo que durante casi cuatro meses convertirá sus salas A y B en un rico centro de interpretación de su desarrollo y significancia histórica.

La exposición está comisariada por Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española hasta 1700 del Prado y en sus propias palabras, la muestra “propone un recorrido cronológico por el devenir del museo, que es un criterio que permite subrayar lo que tiene de institución viva y especialmente permeable a los vaivenes históricos del país. Entre los hechos que se han tomado como puntos de referencia principales a la hora de hilvanar esa historia figuran la conciencia patrimonial española, la forma como se ha ido resolviendo el diálogo de la institución con su público y la sociedad, el reflejo que han tenido en el museo algunos momentos críticos de estos dos siglos de historia nacional, los criterios por los que se ha guiado el enriquecimiento de sus colecciones y la política expositiva, el desarrollo de la historia del arte como disciplina humanística, el impacto que han tenido el museo y sus colecciones sobre el arte y los artistas de los siglos XIX y XX o los contenidos simbólicos que se han ido asociando a la institución”.

Así, el recorrido se divide en ocho etapas a través de las que se muestra cómo la institución ha desarrollado una personalidad propia, que a su vez ha sido reflejo del devenir histórico del país. Entre los temas tratados destaca, por su relevancia artística, el de la importancia que ha tenido el museo como espacio de reflexión e inspiración para sucesivas generaciones de artistas nacionales e internacionales, que se encuentra representado con obras de Renoir, Manet, Chase, Sargent, Arikha o Pollock, entre los artistas foráneos, y de Rosales, Saura y, muy singularmente, Picasso, entre los nacionales.

Su traducción museográfica, a cargo de Juan Alberto García de Cubas, es un recorrido que conduce al visitante por un laberinto de ángulos rectos en el que va rebotando de una obra maestra en otra, que conduce a la Inmaculada de los Venerables, de Murillo, que compró el Louvre en 1835 y regresó en 1941 a Madrid gracias a un acuerdo de Estado. Y así sucesivamente.

La exposición cuenta con un total de 168 obras originales, de las que 134 forman parte de las colecciones propias y las 34 restantes se reciben en préstamo desde distintas instituciones nacionales e internacionales como EEUU, Francia, Hungría, Reino Unido, Israel, Alemania y Rusia… para crear un contexto que ayude a entender el Museo del Prado en relación con tendencias generales de la política patrimonial europea y mostrar algunos de los términos del diálogo que han mantenido los artistas contemporáneos con la institución. Miguel Falomir, director del Prado, definió la muestra como “una reflexión sobre la propia historia de la institución”, “importante, visualmente atractiva, necesaria y emocionante”.

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