De profetisa a artista: las ilustraciones de la mujer más conocida de la Historia

Wikipedia, la enciclopedia online más completa del mundo, define a Hildegarda Von Bingen como ‘una abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana’ (ver). Y esta definición no sería del todo verdad si no añadiéramos que, además, Hildegarda fue una prolífera artista.

Nuestra protagonista es sin duda una de las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media. Además, muchos expertos la han definido como una de las figuras más ilustres del monacato femenino, con una cultura fuera de lo común (y del alcance de las mujeres) para la época.

Nacida en Bermersheim, Hildegarda destacó pronto debido a su débil condición física, que la llevaba a padecer enfermedades constantes. Algunas de estas enfermedades se vieron además acompañadas de visiones: esas famosas visiones que ella misma reconocía haber tenido desde los tres años. Unas visiones que definía como luces que provocaban que ‘hasta su alma temblara’.

Estos hechos, que continuaron a lo largo de los años, son los que principalmente han introducido su nombre en la hemeroteca de la Historia. Sin embargo, la labor profética y religiosa que llevó a cabo acercó a Hildegarda también a la pintura. Tras conseguir el permiso papal Hildegarda comenzó a registrar todo aquello que aparecía delante de sus ojos, valiéndose para ello de complejas ilustraciones. Es cierto que sus dibujos han pasado desapercibidos, la mayor parte de veces por considerarlos una simple herramienta utilizada por la monja para transmitir los designios divinos. Pero su calidad artística y su variedad temática merecen que la Historia del Arte haga más que una mención, incluyéndolos en su genealogía como merecen.

Poco o nada se puede leer al respecto de la obra pictórica de Hildegarda. Lo que sí sabemos es que la dedicó enteramente a plasmar las constantes visiones que tenía, obedeciendo a esa voz que aseguraba oír y que le decía que escribiera y dibujara todo aquello que veía. Así, sus libros están plagados de ilustraciones, algunas de tipo profético, y otras dedicadas a temas tan controvertidos como la medicina. Lo cierto es que esta faceta de la monja es muy poco conocida, teniendo en cuenta que la mayoría de los textos se centran, sobre todo, en sus capacidades místicas. Pero vale la pena pararse un segundo a observar con detenimiento.

Sus dibujos, además de profundamente talentosos, nos muestran a una Hildegarda preocupada por temas tremendamente controvertidos en la época. El placer femenino y la morfología física de la vagina fueron además una constante en su obra, algo que no deja de llamar poderosamente la atención teniendo en cuenta que estamos hablando de una monja que además, vivió en el siglo XI. 

Sea como fuere, lo cierto es que Hildegarda fue una mujer adelantada a su tiempo. Alguien que supo conjugar a la perfección su estilo de vida religioso con una libertad individual que dejó para la posteridad saberes que a día de hoy continúan siendo tremendamente útiles. Por eso merece la pena pararse a contemplar sus ilustraciones y quién sabe si dedicar un tiempo a pensar qué se esconde detrás de cada trazo.

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