Caravaggio y la belleza del contraluz

Caravaggio (Michelangelo Merisi de Caravaggio, 1571 – 1610) fue un pintor italiano de la época barroca, nacido en Milán. Desarrolló sus capacidades artísticas en una escuela de características manieristas, aprendiendo también en las calles del norte de Italia estudiando las técnicas de pintores amateurs y callejeros. Este artista tenía un carácter marcadamente problemático, decidido a no aceptar modales ni corrección alguna. Sus peleas callejeras eran habituales, y aún podemos encontrar registros de las mismas en antiguos documentos italianos: incluso se llega a decir que su familia lo envió fuera de la ciudad tras asesinar a un compañero de academia en medio de una pelea.

No fue hasta 1592 cuando llegó a Roma y comenzó su trabajo en el taller de Giuseppe Cesari, principalmente colaborando en la realización de naturalezas muertas encargadas por Clemente VIII. Sin embargo, este tipo de trabajo no le resultaba satisfactorio. Se trasladó con Prospero Orsi, y junto a él se hizo un hueco entre los pintores contrarreformistas de la capital italiana. Obtuvo el favor del cardenal Francesco María dei Monti, que le encargó pintar una capilla de la iglesia de san Luis de los Franceses: en este trabajo Caravaggio comenzó a introducir figuras religiosas representadas como personas reales de la calle. Escogía especialmente vagabundos y personas con un físico perjudicado, sobre todo de forma paralela a las obras encargadas por la Iglesia Católica. Al tiempo, profundiza y mejora su concepción del claroscuro para exagerar el dramatismo.

Caravaggio

CARAVAGGIO. Tañedor de laúd.

Estuvo en Roma hasta 1606. Evitó la preparación previa en sus obras y trató de reflejar siempre el natural. Podemos considerar La cena de Emaús como una obra maestra, con tonos muy oscuros para dicha temática rotos por breves haces de luz que inciden en puntos muy estudiados. Pero precisamente por este tipo de realización, algunos de sus comitentes rechazan las obras que presenta, aunque siempre fueron reconducidas hacia la burguesía laica que gustaba de comprar las obras rechazadas por la Iglesia.

Caravaggio

CARAVAGGIO. La cena de Emaús.

No estuvo exento de polémica. Se le acusó de pederastia debido a una relación excesivamente cercana con Cecco, un chico adolescente que posaba para algunas de sus obras. En la época se consideraron excesivamente lujuriosas. Y, claramente teniendo en cuenta su carácter, hubo episodios violentos, incluida la supuesta pertenencia a una banda callejera: llegó a protagonizar peleas de taberna de las que logró librarse debido a sus influencias. Pero no en todas ganó, dado que en Nápoles le desfiguraron el rostro, y tuvo que ser ayudado por los Colonna.

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CARAVAGGIO. La Crucifixión de San Pedro.

Podemos incluso recopilar sus actos delictivos: portar armas blancas sin permiso, agredir a transeúntes con un bastón, humillar y atacar con arma blanca, atacar a un camarero en una taberna, lanzar piedras a la policía,… Finalmente, como cabría esperar, fue sentenciado a muerte tras mutilar a un hombre en una pelea en el Campo Marzio. Por suerte (o desgracia, según quién lo mire) la denuncia fue archivada. Una vez más, gracias a las altas esferas que gozaban de la compañía del tenebroso artista.

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CARAVAGGIO. La vocación de San Mateo.

En 1610 podría estar de vuelta en Roma, con un indulto papal. De cualquier manera, un guardia español lo detuvo en Porto Ercole (aunque cabe decir que confundiéndole con otro hombre) y su barco partió. Murió poco después, por malaria conforme a las fuentes oficiales.

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