Lo que Frida hizo por la igualdad

Que la historia tiende a encumbrar a los hombres y olvidar a las mujeres no es una novedad para los que gustamos del mundo del arte. Las estadísticas son demoledoras pero más preocupante es aún que tengamos pendiente rescatar la memoria histórica y colectiva de tantas mujeres que vinieron antes. Y aunque a los muertos poco les importe el reconocimiento, todos, y cuánto más las mujeres, necesitamos referentes sobre los que construirnos.

Los fallos, que son por definición humanos, son menos permisibles cuando hablamos de las mujeres. Cuidamos, nos realizamos siempre que nos es permitido, y aprendemos desde pequeñas las cosas que una señorita debe saber: cómo comportarse en público, cuán peligroso es volver solas de noche, lucir siempre radiantes. A veces olvidamos que como todos, somos seres imperfectos. Que también tenemos flaquezas. Muchas flaquezas.

La historia de Frida es, sobre todo, una historia de flaquezas. Y la historia de Frida podría ser, además, la historia de cualquiera. Y lo es porque hablar de Frida es hablar de sufrimiento. En 1913 y solo seis años después de su nacimiento fue diagnosticada de poliomielitis (polio), enfermedad infecciosa que afectó profundamente a su desarrollo físico, dejándole para siempre esa característica asimetría entre sus piernas. La vida le dio un nuevo revés en 1925 tras sufrir el famoso accidente que tanto inspiró su obra, al ser arrollado el autobús en el que viajaba por un tranvía. Tras el fatídico hecho Frida acumuló más de veinte fracturas, mientras que un pasamanos le atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por su vagina.

Pero hay veces que los más terribles acontecimientos son la piedra angular sobre la que se construye el carácter de las personas únicas. Por eso el hecho convirtió a Frida en una prolífera artista, como ya pasara con la violación padecida por Artemisia Gentileschi. A partir de ese momento, y postrada en cama, decidió dedicarse plenamente a la pintura, el arte que trajo a su vida al afamado pintor Diego Rivera, reconocido militante del Partido Comunista en México.

Pero la vida de Frida y de Diego no fue, precisamente, platónica. Tras abandonar a su primera esposa y a su hijo en común en París después de más de diez años de convivencia, Diego regresa a México, donde conoce primero a Lupe Marín y  posteriormente a Frida. Con Lupe Diego vivió una relación apasionada, siendo ella la única mujer que logró escapar de sus garras. Con esa fama de mujer salvaje que siempre la acompañó, fue ella la que levantó las faldas de Frida el día de su boda con Diego, pronunciando aquella lapidaria frase que ya auguraba un mal final: ‘por este par de piernas me cambió Diego Rivera’.

Diego acostumbraba a dejar tras de sí un rastro de mujeres rotas. Por eso Frida no iba a ser menos. En el momento de casarse Diego tenía 43 años, y Frida solo 22. A Frida, Diego la destruyó como a ninguna otra mujer antes, pues ni siquiera la hermana de Frida se salvó de engrosar su larga lista de amantes. Tras esta infidelidad Frida decide mantener una relación abierta con el pintor, para separarse en 1940 y volver a casarse tan solo un año después.

Su última relación fue tremendamente autodestructiva, enferma, y sumisa. Frida asumió el rol de su marido y empezó a mantener relaciones también con otros hombres y otras mujeres. Las peleas constantes, los celos, y la dependencia emocional hicieron el resto. Por eso muchos hoy en día se preguntan por qué Frida es, además, un icono feminista.

Decía al principio que los fallos son menos permisibles cuando hablamos de las mujeres. Diego fue mujeriego, infiel, y tóxico, y durante mucho tiempo y aún hoy en día continúa siendo un referente de la izquierda mexicana. Frida fue, por definición, una superviviente. Su vida estuvo repleta de dolor y es cierto que nunca supo decir basta. Pero son precisamente sus vivencias lo que la convierten en uno de los mejores referentes femeninos de nuestra historia. Encaró la realidad, y, en definitiva, la gestionó a su manera.

Por eso Frida no es un icono feminista porque jamás se depilara el entrecejo. Ni siquiera lo es por su conocida bisexualidad. Frida es un icono feminista porque son (me atrevo a decir) miles y miles las mujeres que empatizan con su sufrimiento. Con su dependencia emocional. Y con su falta de respuestas.

Muchas personas admiran el amor que tenían Frida y Diego. La idealización del amor tóxico con una persona que es incapaz de respetar el pacto en el que se basa toda relación sana está a la orden del día y la vida de Frida y su sufrimiento debe hacer el resto. Por eso solo quien entiende el poder de los afectos es capaz de empatizar con el dolor de Frida. A veces, la realidad queda limitada a los actos que marcan la vida de una persona, sin pensar que todos somos, para bien o para mal, hijos de nuestro tiempo. Por eso la eterna Frida es ahora la camiseta de moda, y por eso Frida, mi querida Frida, es (y esto es mucho más importante) un símbolo de lucha por la igualdad.

 

Art Market Guest Bloggers.

 

Pilar Rincón (Segovia, 1992)

Doctoranda en Historia, Historia del Arte y Territorio. En el año 2015 investigó la Prisión Central de Mujeres de Segovia entre 1946 y 1956. Ha escrito algunos ensayos como: ‘El Primer Franquismo: fascismo o dictadura reaccionaria’ o ‘La cultura de la violación en el siglo XX’. Además fue premio Emiliano Barral de literatura en su edición de 2010.
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