Impresionismo, la pintura de la luz

El impresionismo es una corriente artística que tuvo lugar a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa, principalmente en Francia. Entre los artistas impresionistas más famosos se encuentran Camille Pissarro (1830-1903), Édouard Manet (1832-1883), Edgar Degas (1834-1917), Alfred Sisley (1839-1899), Paul Cézanne (1839-1906), Claude Monet (1840-1926) entre otros. En España, es en el Museo Thyssen-Bornemisza quien con más ejemplares de obras impresionistas cuenta.

Impresionismo, arte y luz

El impresionismo se caracteriza por su persistente experimentación con la iluminación. El manejo de la luz se considera como un factor crucial para alcanzar belleza y balance en la pintura. Los cuadros impresionistas se construyen técnicamente a partir de manchas bastas de colores, las cuales actúan como puntos de una policromía más amplia, que es la obra en sí. Por ello, al observar los lienzos es necesario tomar cierta distancia, para que aparezcan las luces sombras y figuras. La aparición del impresionismo ocurre como consecuencia de un gran cambio social; durante el final del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, ya que, suceden una serie de transformaciones sociales como revolución industrial, revolución francesa, imperio de Napoleón, la restauración de los movimientos sociales y las reformas burguesas.

En el año 1874, y por iniciativa de Pisarro, se fundó la “Sociedad anónima cooperativa de artistas”, pintores, escultores y grabadores, cansados de escuchar los continuos desprecios hacia sus obras, principalmente de los distintos jurados que había en las muestras que se realizaban en el Salón de París. Eran rechazados entre otras cosas por ir en contra del arte tradicional y academicista del momento, pues ellos buscaban tendencias algo más innovadoras.

El Salón de París, era el lugar donde se exponían las muestras de arte que se realizaban anualmente por los alumnos de la Academia de Bellas Artes de París, siendo este uno de los acontecimientos más importantes del mundo. Aquí, los artistas ganaban premios, que eran los que después le servían para conseguir ingresos monetarios destinados a realizar obras de arte para el estado, por lo que exponer en el salón significaba para los artistas una forma de poder ganarse la vida.

 

 

Ese continuo rechazo por parte de las instituciones académicas fue lo que llevó a que los pintores a que realizaran su propia exposición en una de las salas que le ofreció el fotógrafo Nadar. Entre los artistas se encontraban Cézanne, Degas, Monet, Morisot, Pisarro, Sisley, Renoir… y en total más de 160 obras fueron las que se expusieron de cara al público. La exposición según el propio Pisarro fue maltratada por las críticas, críticas además que fueron muy populares, pues entre ellas se encontraba la de Louis Leroy, quien de manera peyorativa hizo alusión a una de las obras de Claude Monet que se encontraba en el estudio, titulada “Impresión: sol naciente” y de ahí, se acuñó a este movimiento como Impresionismo.

En la segunda mitad del siglo XIX, se produce un crecimiento económico en Europa. La intensificación del comercio y el progreso técnico lleva a la consolidación de la burguesía. Las clases sociales se reorganizan y los dirigentes socialistas de toda Europa se reúnen para hablar de aquellos cambios. La filosofía de entonces es positivista y realista, donde se prueban las cosas y se exige la transformación del mundo. El arte cambiaba en conjunto con la sociedad. Los pintores impresionistas se centraban en representar fielmente las formas y, con el fin de estudiar los diferentes matices de la atmósfera, era muy típico que realizasen distintas versiones de un mismo motivo, pues las condiciones tanto atmosféricas como lumínicas eran diferentes a lo largo del día. Esto se puede observar claramente en la serie de Monet sobre la Catedral de Rouen.

Otra de las características del impresionismo es captar la fugacidad del tiempo, ya sea un campo de amapolas movido por el viento, un peatón por las calles parisinas… lo fundamental era captar en un instante un momento fugaz, y que principalmente se trataban de escenas cotidianas. La otra de las características básicas y relacionada con la anterior, es que, para pintar escenas de la vida cotidiana, les era necesario salir con sus caballetes a la calle y pintar al aire libre. Para ello no dudaron en aprovechar los avances tecnológicos del momento, como fue el ferrocarril, que les permitía moverse por aquellas localidades más cercanas a la campiña francesa desde París.

El estilo se clasifica como la primera ruptura del proceso que desembocaría en el arte moderno. En los cuadros de los inicios del siglo XIX, no se valoraban los paisajes ni los bodegones, por lo tanto, el impresionismo, no sólo abre los ojos del espectador a la técnica, sino que también a la variedad de formas y la captura de paisajes cotidianos vistos desde las más ingeniosas perspectivas. Los colores son puros, poco mezclados y se conjugan en formas de un naturalismo extremo. Las pautas que consuman esta tendencia son: el movimiento del paisaje, la naturalidad de las formas y la pureza.

El primero de los recursos pictóricos más destacado de la pintura impresionista, es la pincelada gruesa y corta, ejecutada de manera rápida sobre el lienzo. Esta era la forma con la que el artista era posible que captase la esencia del motivo a representar, dejando a un lado los detalles. Para crear sensación de profundidad lo que hacían era combinar esas pinceladas cortas y menos empastadas con otras más largas y empastadas. En base a los colores, los impresionistas evitaron en todo momento la mezcla de los colores en la paleta, lo que hacían era aplicar tanto los colores primarios como los secundarios directamente sobre el lienzo y sobre estos mezclaban las pinceladas. Como resultado, daba lugar a obras muchos más brillantes y luminosas.

Viendo el resultado final de las obras tan coloridas y brillantes, a la hora de pintar las sombras, evitaban el color negro, aquí, hasta en las sombras había color, y para ello recurrían a la mezcla de colores complementarios. Muchas veces lo que solían hacer era evitarlas, y para ello escogían pintar en torno a las horas centrales del día, ya que las sombras que provocaba la luz del sol eran más cortas. Los encuadres eran atípicos e inusuales, pues desplazaban el punto de interés hacia los bordes del lienzo. En ocasiones, también sustituyeron el clásico punto de vista frontal a posiciones más bajas o elevadas.

Lo que une a estos genios de la pintura es la intención de reproducir escenas de la vida diaria de un modo creativo. En la mayoría de las ocasiones se pueden distinguir claramente por su estética, imágenes desenfocadas y obras de apariencia inacabada. Estos pintores han demostrado que se pueden crear arte mirando lo mismo de distintas maneras, en lugar de buscar un paisaje u objeto diferente cada vez. De esta manera respondían a la polémica social del momento: Se puede crear un orden para todos por igual, pidiendo a cada grupo social su colaboración, en lugar de que el poder pase de un grupo político a otro.

Subastas de arte obras impresionistas

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España


1Comment
  • Luis Martínez Hernández
    Posted at 13:46h, 13 octubre Responder

    Muchas gracias Liliane por ofrecernos tu aproximación al arte impresionista y ayudarnos a comprenderlo,

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